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viernes, 24 de febrero de 2017

¿Merece la pena seguir luchando por ti o debo dejarte ir?, Karla Galleta

“El día más importante de tu vida, es aquél en que decides que tu vida te pertenece y das la espalda a lo que no es más.”

¡Qué locura es la vida! Se nos va parte de ella tratando siempre de no perder, de no dejar todo aquello que amamos, de no perder lo que consideramos parte de nosotros, de no abandonar proyectos emprendidos aunque en el fondo sintamos que lo que estamos realizando no nos está dando los resultados deseados y no nos está llevando a ningún lado. Al grado de preguntarnos en algunas ocasiones si estamos haciendo lo correcto o sólo estamos perdiendo el tiempo. Si merece la pena continuar o deberíamos abandonar.


Y justo ahí llegué hoy, a esa pregunta que me aprieta el corazón, que me duele hasta el alma: ¿Mereces la pena o debo dejarte ir?
Lo sé, la respuesta es muy clara, pero por algún motivo que ni siquiera sé, me había empeñado en mantener esta relación. Una relación difícil que me ha venido causando más tristeza de alegría, más decepciones y sin sabores que satisfacciones. Muy dentro de mí sé lo que hay que cambiar y lo que hay que dejar ir, sin embargo, el sólo pensar en todos esos cambios me aterraba; sentía miedo y temor de arrepentirme, miedo de ver que al final sólo he perdido mi tiempo, miedo a imaginarme un futuro sin ti, pasando por alto el daño que nos hemos causado, ver que todos los sentimientos que invertí con la firme idea de haber tomado las decisiones correctas terminarán en la basura, y peor aún, miedo a esa angustiante sensación de haber fracasado.

Es por eso que seguía aquí, luchando por ti, luchando por amor una y otra vez como si se tratase de una actitud optimista, evadiendo todo tipo de señales de desinterés de tu parte. Me aferré a consejos y frases creyendo que todo volvería a funcionar, que un buen día los astros se iban a alinear y esa realidad que tanto deseaba, se convertiría en realidad. Pero sólo he conseguido que la realidad me golpee más duro cada vez, y lo último que quiero es convertirme un alguien sumamente obsesiva.

Es cierto que no existen fórmulas, ni recetas mágicas que nos indiquen sin errores cuando debemos abandonar y cuando merece la pena seguir luchando por algo o por alguien, pero el simple hecho de ver todo esto que creímos que era amor, nos está dejando más que pérdidas con dolor y sufrimiento ¡es la primera señal! Es por eso que hoy he decidido esclarecer mis límites mentales para tomar una decisión correcta, y darme cuenta que realmente no merece la pena estar contigo, no merece la pena el sacrificio y las lágrimas, y definitivamente, llego el momento de abandonar esta lucha.

Date cuenta que no es lo mismo tener una relación complicada y estar en una relación con dificultades (problemas surgen a partir de factores externos: dinero, enfermedad, etc.). El luchar una y otra vez por algo así, sólo está absorbiendo mi energía y aunque me duela decirlo, también mi autoestima. Aquí lo más sano es cortar por las buenas, y tomar todo esto como una buena lección, no nada más para mejorar aquellos puntos débiles que afectaron esta relación, sino también para entender que son nuestras malas elecciones la causa principal del porqué muchas veces no nos va bien en el amor.

Si lo analizas bien, no es muy difícil deducir por qué tipo de relación debes luchar por amor hasta el final, ¿verdad? Sin embargo muchos creen que en las complicadas es cuando más se debe persistir, pero cuando vienen las dificultades se rinden más fácilmente. El mundo está al revés. Déjame cambiar eso a partir de ahora y dejemos de luchar por causas perdidas, déjame sanar mi interior.

Y es que si no decido lo mejor para mí, ¿quién lo hará? ¡Nadie! Nadie me puede indicar el momento exacto para abandonar o seguir adelante en una relación complicada, porque nadie me conoce mejor que yo misma. Haber invertido contigo tiempo, esfuerzo y sentimientos, no significa que merezca la pena seguir luchando por algo que no está funcionando, ni significa que seguir esperando resultados vaya a cambiar la situación; así como abandonar tampoco significa fracasar, por el contrario, porque muchas veces abandonar puede ser una manera infalible para no fracasar.

Por último, sólo quiero decirte que luché hasta el final, que di lo mejor de mí y mi amor fue verdadero, pero lo más sensato es esté punto final. Ahora mismo sé que es una de las decisiones más dolorosas que he tomado, pero espero algún día agradecer el haber dicho adiós a tiempo. Porque sólo así podré conservar un buen recuerdo de esta relación…

Tener o no un final feliz depende de dónde decidamos detener la historia.

Autor: Karla Galleta

jueves, 9 de febrero de 2017

No se lucha por amor, se lucha con amor; Karla Galleta

He tenido demasiadas guerras en mi vida como para que el amor sea una de ellas, porque no se lucha por amor, se lucha con amor. Y es que ¿por qué luchar por alguien que duda si quiere estar a tu lado?, ¿de qué sirve llenarte de fuerza y de valor si tienes que hacer un esfuerzo para que haya reciprocidad?, ¿para qué estar donde no quieren que estemos?, ¿por qué correr detrás de alguien que no quiere estar a tu lado?

Desde mi punto de vista, luchar por amor es hacer un esfuerzo extra para vencer un obstáculo innecesario, y en el amor lo podrían ser: la indecisión, el miedo, la confusión, la comodidad, la frustración o la falta de motivación que tiene una persona al estar a nuestro lado.

En cambio, luchar con amor, es saber que el ingrediente principal para mantenerse unidos es el interés, que sobran las ganas de conocerse recíprocamente, que no hay necesidad de perder la dignidad ni suplicar para que la otra persona esté a nuestro lado. Luchar con amor, es saber lo que valemos cada uno como ser humano y, de esa forma, saber que merecemos ser amados, respetados y valorados y no recibir menos que eso.

Qué sí, que miedo puede haber, sobre todo al principio de la relación, y es normal, porque regularmente venimos cargados de relaciones pasadas muy difíciles, relaciones mediocres que nos han llenado de tristeza, de decepciones, de heridas tan profundas que pareciese que volverán a sangrar en cualquier momento. Nos da un poco de miedo que lo que comenzamos a sentir sea una simple ilusión de ese amor que nos gustaría vivir.

Es entonces lo que queremos evitar, comenzar luchas injustas, largas y dolorosas en las que, al final, terminemos peleando solos, aferrarnos a una ilusión, sacrificando nuestra vida y nuestra alma por una relación que en fondo, no lo merece. No podemos o no debemos, quedarnos con quienes se resguardan en la indiferencia, en la insensibilidad, en las verdades a medias o en la mentira. Porque la única manera de que merezca el riesgo esa lucha con amor será la entrega, la honestidad y, sobre todo, el valor y la generosidad que se mueve detrás de las tormentas.

No, no luches por amor, LUCHA CON AMOR ante todas las adversidades con quien sí quiera estar a tu lado; con quien decida tomar tu mano y enfrentar los retos que la vida, la sociedad, la familia, los amigos y , a veces, uno mismo impone; con quien no dude mirarse en tus ojos y decida que es ahí donde quiere estar; por quien tiene algo que ofrecerte día a día sin necesidad de pedírselo; con quien a pesar de las discusiones y desacuerdos seguirá allí, haciendo a un lado las diferencias y el orgullo porque su amor es más grande que eso; con quien comprenda que el amor perfecto y las personas perfectas, no existen, pero que lo que sí existe, es el amor verdadero e inexplicable, y ese, es capaz aceptar esas imperfecciones y aprender a crecer con ellas, juntos; con quien se atreva a jugársela por vivir una buena historia a tu lado.

De no ser así, lo mejor que se puede hacer, es retirarse, porque amar, a veces, también es dejar ir al otro para que pueda florecer, al igual que tú. De qué nos sirve estar en una relación que no nos hace crecer, que no nos hace personas más conscientes y más enteras. De nada sirve mirar atrás, porque la vida nos espera siempre por delante.

En los retos se ve la madera de la que estamos hechos y saber que amamos con valentía a las personas que pasaron por ella, es lo más maravilloso que habremos hecho.

Autor: Karla Galleta

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Enamórate de ti... y después de alguien más, Karla Galleta.

"Nunca pienses, ni por un momento, que necesitas a alguien para atraer luz a tu vida, esa la tienes dentro de ti, lo único que necesitas, es tener el valor de tomarla."
– Karla Galleta
Cuando hablamos de amor propio es común que la mayoría de las personas, casi de forma automática, afirmen amarse hasta el infinito y más allá, pero indudablemente son muchas más las que, ya sea de manera consciente o inconsciente, siguen buscando ese amor que no han sabido darse ellas mismas, en alguien más. Quizás es porque desde pequeños nos han ido generando ideas absurdas, como el que alguien nos tiene que complementar o salvar, pero por mucho que busquen, no va a funcionar si no llegan a entender que para amar y poder ser amados, la clave es y siempre será, el amor propio.

Y es que si lo ves por el lado más corto y más cómodo, tiene cierta lógica. Qué flojera salir adelante por tu propia cuenta ¿verdad? Con tantas heridas que vienes arrastrando desde tu infancia, tanto dolor por las batallas perdidas y miles de mierdas más a las que te ha tocado enfrentar, tu vida es un total caos y lo único que necesitas es alguien que cambie todo eso. Que llegue alguien y por arte de magia sane todas esas heridas, que se lleve la oscuridad y pinte tu mundo de colores, que te haga ver que el mundo no es tan malo y te haga muy feliz. Y, seguramente, hasta lo has encontrado. Al comienzo todo ha sido muy hermoso, pero por alguna razón que no entiendes, tu vida sigue siendo un asco. Pero no importa, esa persona lo cambia todo… ¡Qué viva el amor!

¿Te has puesto a pensar que esto, quizás, es sólo un escape? Que quizás es la droga que cura los síntomas, pero nunca la enfermedad. Que tu “gran amor” es sólo un objeto mágico que te hace olvidar todo por un tiempo. Que de la manera más egoísta lo estas utilizando para intentar suplir tus necesidades reales. Que en realidad no le amas, sino que lo necesitas, lo usas, lo ocupas. Créeme, eso no tiene nada que ver con el amor.

Este tipo de creencia va muy ligada a las personas que creen en la famosa idea de la media naranja. Y no importa si tienes un buen trabajo, una buena casa, sueños cumplidos, amigos, familia que te quiere, dinero, etc., porque si no tienes a tu otra mitad ¡A la chingada todo!… ¿Perdón? ¿No se te olvida algo? Algo así como lo principal… algo que se llama ¡“amor propio”!


Tristemente hemos olvidado nuestro lugar en el mundo. Se nos olvida que el amor más importante, más real y duradero que nos acompañará hasta el final de está vida, es el que tenemos por nosotros mismos. Querernos nos garantiza nuestra supervivencia en un mundo complejo y cada vez más difícil de afrontar. Y si no lo entiendes así, sólo te proyectas ante los demás como una persona necesitada de cariño y afecto. Una persona sin amor propio no tiene amor para dar, y de la misma forma, le cuesta recibirlo por lo que termina conformándose con cualquier cosa que crea que es lo más parecido al amor, aunque siempre se sienta insatisfecha.

Al tener amor interno, aprecias lo que eres y por eso sabes lo valiosa que es tu existencia en este mundo, así que no te será difícil encontrar tu propósito en la vida. No permites que te traten como menos y sabes que tu línea de tolerancia al maltrato y al respeto es muy alta. La gente puede observar que te valoras y te tratará con el mismo valor que te das y no con menos. Al amarte, estás amando a la mejor persona, que eres tú y esto hace que fluyan sentimientos positivos a tu vida y los compartas con las personas y seres que te rodean.

Una vez que comprendes lo anterior, no desde tu ego o la capa superficial del intelecto, sino desde fibras más profundas, haces otro alto en el camino y te cuestionas realmente si vale la pena seguir enrolándose en aventuras amorosas de auto engaño, en donde sólo estás voluntariamente con alguien que crees amar, pero que de ninguna manera es amor, sino una forma de rellenar vacíos; vacíos de cosas y emociones que tú mismo no has aprendido a rellenar. Es por eso que se vuelve esencial tener alguien a tu lado, para extraer sus recursos y llenar los tuyos. Pero sinceramente, lo ideal de un amor maduro, es donde existe un intercambio mutuo, no solamente recibir sino dar lo mejor de ti por lo mejor de la otra persona, porque al dar lo mejor de cada uno, está claro que han aprendido a llenar esos vacíos de forma autónoma.

El amor de pareja por sí solo, no nos lleva a la felicidad, al contrario, la felicidad nos lleva automáticamente al amor. Desde luego, para ser feliz y para tener pareja ocupas amor, pero el que tú te das, una buena autoestima.

Una pareja no es tu terapeuta, ni tu doctor, ni tu abogado para resolverte la vida. Ella ya tiene la responsabilidad de ser feliz ella misma. Sería muy egoísta de tu parte dejarle esa responsabilidad porque no nació para eso. Cualquiera que sea ese vacío interno con el que vienes cargando, sánalo tú mismo, acude a un profesional, ámate. Intenta verlo desde el ángulo opuesto ¿Te gustaría encontrar a alguien hecho pedazos para salvarle? Suena muy romántico, pero amar no significa ir levantando moribundos del camino.

No hay nada más atractivo que una persona entera, segura de sí misma, feliz, con una vida propia para compartir contigo (no para darte). Esto no quiere decir que nunca va a estar mal o va a tener problemas, todos los tenemos. Y hay que apoyarlos en esos momentos. Aquí de lo que se trata es de no utilizar a las personas para que nos solucionen la vida, porque por más que lo intentes, nunca lo hará. Es algo que a ti y sólo a ti, te corresponde.

Lo sé, las lecciones que nos da la vida son muy duras y poco compasivas, y tarde o temprano, ellas nos enseñan que el peor error que podemos cometer es creer que podemos convertirnos en la vida y el mundo entero de alguien, y peor aún, creer que ese alguien puede volverse el centro de nuestro universo y girar nuestra vida en torno a la suya, como si no hubiera más. Esperamos que esa persona llene nuestro mundo olvidándonos que nadie, absolutamente nadie puede suplir nuestras carencias.

Pero quizá tenemos que vivir esa experiencia para darnos cuenta de que realmente no queremos ser seres incompletos buscando quien nos rellene, sino que más bien, lo que queremos realmente, es ser alguien integro, de una sola pieza, que sea capaz de compartir su totalidad libre de carencias y así encontrar a alguien en las mismas circunstancias.

Sin duda alguna, si no te conoces, es porque no te interesas, y probablemente, no te quieras, pero si te amas realmente, estarás dispuesto a saber de ti, a aceptarte y a trabajar para reforzar todo aquello que te hace vivir a plenitud, pero también eliminar o cambiar todo lo que te limita a ser feliz. Recuerda que sin ti no puedes hacer nada, no puedes vivir, no puedes respirar, sonreír o enamorarte (de verdad). Es tan sencillo y tan obvio, ¿verdad?

Son las lecciones y la experiencia lo que cada día no vuelve más hábiles y selectivos y hasta cierto punto, exigentes a la hora de involucrarnos en cierto tipo de relaciones. Sabemos que tenemos el derecho de un amor digno, alguien que no necesite darnos algo de sí para ser mejores, sino que simplemente, comparta el mismo amor por sí mismo y fortalecer el mutuo.

Sólo podrás decir que amas de verdad cuando te amas a ti mismo, cuando eres una persona íntegra y feliz. De otra manera lo único que buscas es encontrar a alguien que ponga orden al desastre que tienes por vida. Y puede que lo encuentres porque existen personas que están a la medida de tu enfermedad. Pero no durará mucho, porque esa proyección hará que misteriosamente empieces a ordenar tú mismo tu vida. Y en ese inter, descubrirás que ese amor que decías sentir, se ha terminado. Que indudablemente, prefieres una persona completa en tu vida.

Cuando te amas, estas fomentando automáticamente el principio universal de dar y recibir, así que conoce y acepta tus potencialidades y debilidades al ser una persona imperfecta y empieza a generar ese amor para ti, enamórate de ti mismo y ya después… enamórate de alguien más.

Autor: Karla Galleta